La cultura sigue siendo un atractivo turístico que rompe moldes. Apostar por un turismo controlado con interés en la cultura local y que se integre en el destino debe ser la evolución natural de destinos que apuestan por la calidad.

Estamos acostumbrados a que, dentro de la oferta hotelera, se incluyan paquetes con entradas a los grandes acontecimientos, sobre todo, deportivos y culturales. Sin embargo, en términos de rentabilidad, no tienen por qué ser necesariamente los más interesantes. En un mercado tan saturado como éste, la especialización se impone frente a lo masivo, la estacionalidad se reduce y los niveles de satisfacción se disparan.

El futuro de la hotelería está en la especialización

Un ejemplo de gran acontecimiento es el World Pride, en el que vemos algunos datos que refrendan la necesidad  de la especialización. Desde hace semanas, las asociaciones de hoteles españolas advierten de la elevada ocupación que van a disfrutar los establecimientos madrileños durante el World Pride 2017: a pocos días del comienzo de estas celebraciones, la ocupación ronda el 84% y, de media, el precio por habitación ha experimentado un aumento del 25%.

Lo que podríamos denominar “el agosto de la hostelería” de la capital junto con lo grandes eventos deportivos podría ser no tan interesante si queremos distinguirnos entre la masa.  Incluso en el corto plazo no tiene por qué tan rentable (dado el coste de oportunidad que provoca un evento de esta envergadura) El desplazamiento de la demanda habitual y el impacto sobre el habitante puede no ser tan positivo (Nosotros tenemos la oficina en Plaza de Callao y no veáis que festival).

Nos encanta sentirnos “exclusivos”, eso no cambia

Más interesante es la opción de poder ofrecer a los viajeros entradas exclusivas, es decir, accesos que impliquen una mejora con respecto a las entradas que puede comprar el público general (esto es extrapolable a todo)  Nos encanta sentirnos especiales y que nos cuiden. El ser alguien importante aumenta nuestro ego así como nuestros niveles de testosterona (en algunos casos).
Como ejemplo: ¿Cómo atraer al público en cualquier otro momento del año? ¿Por qué no huir de los eventos multitudinarios (fútbol, estrellas internacionales) y buscar espacios específicos, o incluso crearlos? Es conocida la buena salud de los circuitos de póker, que combinan juego, turismo y actividades paralelas. En la parada de Marbella por ejemplo, PokerStars lleva varios años organizando torneos en vivo, para los que sus participantes pueden ganar una entrada online, que generalmente incluye un paquete de viaje y un plan de actividades lúdicas, entre las que destaca este año la sesión Dj que ofrecerá el ex piloto de motociclismo Fonsi Nieto.

La combinación entre el atractivo del torneo, una selección de paradas que cuentan con gran valor turístico y el programa de actividades no relacionadas con las cartas, en las que pueden participar los acompañantes, se ha demostrado como una combinación de éxito. La pregunta es: ¿se puede trasladar este modelo a otros nichos?

La cultura asociada a un cliente comprometido con el destino

Y es que existe un tipo de turismo que, aún siendo en alguno casos más minoritario, puede resultar más interesante por el perfil de cliente que atrae. Desde luego la cultura encaja dentro de esta categoría. Son paquetes, en general, con una estacionalidad potencialmente menor, sobre todo, en las ciudades con una oferta cultural permanente. Esto nos permite una fragmentación de nuestro presupuesto publicitario así como buscar aquellas actividades que supongan una menor competencia en el mercado de subasta de publicidad digital. Es algo que se puede ver fácilmente en los dos ejemplos siguientes: los grandes museos de las grandes ciudades, como Madrid, Barcelona, Bilbao y Málaga, entre otras, por un lado, y las rutas gastronómicas exclusivas por el otro.

Los museos como recurso atractivo y de captación de viajeros

Las pinacotecas se han convertido en visitas obligadas en la agenda de los turistas y, sin embargo, pocas veces encontramos facilidades a través del hotel: entradas más baratas sin necesidad de esperar colas pueden ser un buen reclamo para el viajero, así como facilitar transfer. Los grandes espectáculos de artes escénicas son también una excusa excelente para ofrecer al turista un plan diferente. En este sentido, los grandes recintos y las compañías que albergan son aliados idóneos, ya que, al ser también víctimas de cierta estacionalidad (con una mayor afluencia de espectadores durante los fines de semana) se convierten en socios proclives a alcanzar acuerdos ventajosos para los turistas y priorizar la venta entre los días de semana.

Ganar viajeros por el estómago a través de tradición gastronómica

La gastronomía también puede ser un gran aliciente para atraer a viajeros. Pero no nos asustemos; no necesitamos contar con una estrella Michelin entre nuestro personal para beneficiarnos de la buena fama de nuestra gastronomía (los bocatas de calamares en Madrid no necesitan estrellas). ¿Cuántas veces nos hemos topado con turistas extranjeros a la caza de un establecimiento que les ofrezca “tapas” o “pintxos”? Desde el hotel ofrecerle una ruta de locales en los que se sirven productos de calidad no sólo es más estimulante para el viajero –que puede aprovechar para conocer la ciudad mientras disfruta de su gastronomía– sino que también nos ofrece unas posibilidades de colaboración con los establecimientos que pasan, principalmente, por la promoción en ambos sentidos.

Ahora es cuando toca al cliente elegir, al final el es el encargado de moldear el mercado. Nosotros somos unos meros espectadores de lo que ocurre, aconsejamos al hotelero que será el encargado de suministrar el producto desde la “trinchera”.