La problemática del alojamiento compartido sigue en el candelero, son muchos los intereses en juego y muy claro el posicionamiento del mercado ante esta oferta que para muchos puede parecer de “medio pelo” y para otros una fórmula de viajar de manera más auténtica. Lo que no cabe duda es que han llegado para quedarse, y a parte de encontrar su hueco en el mercado (algo que ya han hecho) tienen que encontrar su hueco en una legislación que contente a tod@s.

Hay muchos que tachan la economía colaborativa como una fórmula socialmente bien vista de economía sumergida. Podemos partir de que todo llevado al extremo puede ser negativo. Cobrar el paro es algo positivo si te ayuda a encontrar un nuevo puesto de trabajo, y a la vez negativo si estamos trabajando y a la vez cobrando el paro. La definición que recoge wikipedia es:

“Consumo colaborativo o Economía colaborativa es un sistema económico en el que se comparten y se intercambian bienes y servicios a través de plataformas digitales.Se refiere a la manera tradicional de compartir, intercambiar, prestar, alquilar y regalar, redefinida a través de las tecnologías de la información y la comunicación y la nuevas maneras de medir la reputación de las personas.”

En mi opinión la economía colaborativa en sí no es un problema, si el aprovechar este concepto y las lagunas de la regulación actual para el beneficio propio. Ahí es donde se debe de actuar, sin demonizar lo que puede ser una salida a una economía capitalismo y de consumo que pueda llevar a la sobreexplotación de los recursos (aunque esto ya es harina de otro costal).

Centrándonos en el tema que nos interesa, tenemos algunos ejemplos publicados en Hosteltur que van poco a poco sentando las bases de lo que podría ser una regularización generalizada, o adaptadas a los modelos que se intenten potenciar en cada una de las ciudades:

  • La Generalitat catalana regularizará y ordenará las nuevas modalidades de alojamiento turístico, como el alquiler de habitaciones en viviendas particulares, que quedará sujeto a la tasa turística, con un importe mínimo de 0,65 euros por persona y noche en Barcelona y 0,45 euros en el resto de Cataluña. Más información.
  • Las autoridades de Amsterdam y Airbnb firmaron un acuerdo el pasado mes de diciembre para promover el intercambio responsable de vivienda y simplificar el pago del impuesto turístico en la ciudad, según publicó.
  • Airbnb ya es legal en San Francisco, su ciudad sede, tras suscribir un acuerdo en octubre para recabar la tasa y los impuestos turísticos en nombre de sus usuarios. En ese mismo mes el Ayuntamiento aprobó una normativa en la que legaliza completamente la posibilidad de alquilar la propia vivienda.
  • La ciudad de San José aprobó una ley el pasado mes de enero que permite a los residentes compartir su vivienda. Desde el 1 de febrero Airbnb cobra y remite los impuestos turísticos en nombre de los usuarios. En Washington DC y Chicago ha comenzado a hacerlo el 15 de febrero.

Después de perseguir a los “malechores” y de ordenar el panorama (que ya va siendo hora), toca hacer autocrítica y analizar cuales están siendo los factores que llevan al usuario a reservar este tipo de establecimientos. Si existe tanta diferencia tanto en calidad como en coberturas de los clientes, no habrá tanto problema en competir, ¿no? o es que eso no es todo. Puede que haya algún que otro tema que nos estamos dejando en el tintero y que conviene revisar.

Según Phocuswright aquí esta pasando algo raro y lo han analizado en una infografía que han publicado hace unos meses con los factores de éxito del alojamiento compartido, vamos a ver que están haciendo estos listillos jejeje…:

  • Existe una demanda real de espacio compartido. Casi uno de cada diez viajeros online en el Reino Unido y Estados Unidos ha alquilado un espacio compartido en una casa privada o un apartamento en 2014, mientras que aproximadamente dos de cada diez se han alojado en una vivienda de alquiler completo.
  • Esto no sólo va de millennials, va mucho más allá. Un significativo porcentaje de los turistas que se decantan por esta opción en Estados Unidos, Europa y Australia tiene más de 35 años.
  • Qué es lo determinante en la reserva. Los bajos precios atraen a la demanda, pero muchos viajeros eligen el alquiler de espacio compartido porque quieren vivir una experiencia de completa inmersión en la cultura del destino. Haces unos meses ya escribí un artículo sobre este tema en relación a Airbnb y cuales pueden ser algunos de los factores de su éxito.
  • No solo para “Singles” sino también para otros perfiles de turista. En Estados Unidos y Australia casi dos de cada diez viajes con estancias en este tipo de alojamientos fueron realizados por parejas o dos adultos que viajaban juntos.
  • Fieles al mundo digital. Los que alquilan espacio compartido es mucho más probable que planifiquen su viaje online, en más de la mitad de los casos, o en su móvil, uno de cada cuatro.
  • El anfitrión es todo un referente para el turista. La presencia del propietario de la vivienda durante la estancia del cliente es la principal característica que distingue a este tipo de alquiler frente a otras formas de alojamiento. La dinámica anfitrión-huésped es esencial para el éxito de esta experiencia. Una estructura digital es esencial para facilitar a ambos la confianza y el nivel de compromiso que buscan, así como la posibilidad de hacer de nexo de unión entre el destino y el turista.

Después de hacer un pequeño repaso por el estado de la cuestión, podemos tener una visión algo más cercana de cual están siendo los movimientos de regulación y como el turista se está tomando este “enriquecimiento” de la oferta. Ya que no nos engañemos, los problemas de la industria afectan al turista, pero mientras que estos no influyan a la experiencia o en sus bolsillos, ellos seguirán divirtiéndose, probando, comentándolo con sus colegas…, eso que solemos hacer todos, pero que con tanto número, tanta tecnología y tantos aparatitos se nos olvida de vez en cuando.

Puedes descargarte la infografía completa en el siguiente enlace.