Este tema está en plena actualidad, nos llegan noticias a diario sobre como el mercado se reajusta. Hay colectivos más o menos de acuerdo con este “modelo de economía colaborativa” que lo idealizan y otros que lo demonizan, en mayor o menor medida que toque su bolsillo, ahí suele estar el tema. Hace una semanas conocimos el informe encargado por Exceltur a Ernst&Young que explica muy bien la visión desde el punto de vista del alojamiento regulado, o también movimientos como el que recientemente ha realizado Booking ofertando alojamientos de particulares en su plataforma. Desde fuera parece que hay un desequilibrio entre un mercado que demanda nuevos modelos y nuevas fórmulas, y un sector hotelero o de alojamientos que vive anclado en una pasado condicionado por un sistema que los ahoga en comisiones, cargas fiscales y burocracia.

Totalmente compresible es el enfado de unos y  el aprovechar de otros, dado que las normas del juego están para cumplirlas, así como para cambiarlas (con los mecanismos que un estado de derecho ofrece) sobre todo cuando no se están de acuerdo con ellas. Ya hay movimiento en nuestro país al respecto, la Generalitat de Cataluña por ejemplo anunciaba la liberalización total del negocio de los apartamentos y pisos turísticos, con la única exigencia de que pasen por los canales legales y paguen una tasa por noche y cliente. (Aunque parece que esto tampoco termina de convencer)

Me surgen algunas preguntas sobre todo este revuelo que se monta alrededor de los alojamientos y la economía colaborativa:

  • ¿El problema de base es la falta de regulación o el cambio de mentalidad hacia un nuevo modelo del compartir?
  • ¿El modelo de redistribución de recursos es sostenible o es necesario continuar con un modelo que potencie el consumo por encima del resto de valores humanos?.
  • ¿Los malos de la película son plataformas como Airbnb o Uber que cobran comisiones razonables o mastodontes como Booking.com que canivalizan la intermediación y se aprovechan de su posición dominante?.
  • ¿Las figuras de promoción turística que hay en nuestro país deben comercializar alojamiento mediante alguna fórmula legal o es mejor no meternos donde no nos llaman?.
  • ¿Existe una base legal sólida para apostar por una economía del compartir que ofrezca las coberturas necesarios a todo aquel que las utilice o estamos demasiado expuestos?.

Después de hacerme estas preguntas y responderlas en mi cabeza no me queda nada claro cual es la línea que hay que seguir. Desde que empecé a relacionarme con el sector turístico siempre me inculcaron la típica frase “el cliente siempre tiene la razón” y ahora que pasa que ya no la tiene cuando el cliente demanda algo que solo algunos ofrecen. Hace unos meses escribí un artículo en Tecnohotel, donde intento resumir algunos de los motivos que según mi opinión han llevado a los usuarios a acercarse a estas nuevas herramientas, ya que no solo el precio determina su irrupción, va más allá. No entendemos que el éxito de la economía colaborativa radica en un conjunto de cambios en la sociedad, en los hábitos de consumo y en el modelo de vida, la solución pasa más por la apertura del mercado, la democratización del modelo o simplemente dejar que actúe la capacidad que la sociedad tiene de auto-regularse.

El concepto es imparable y es necesario que todos aprendamos a vivir con ello, las puertas al mar no sirven para nada y se está demostrando que hay otras fórmulas posibles que poco a poco se vuelven más habituales y familiares para muchos. Simplemente es necesario bajar a la tierra de vez en cuando y escuchar a nuestra alrededor, sentarnos en un parque, coger el metro, o simplemente preguntar a vuestros hijos (los que seáis padres) ya que las limitaciones solo están en nuestra cabeza y esas mismas son las que no nos permiten llegar a ser más competitivos.

¡Se abre el turno de ruegos y preguntas! 😉