Lo que comúnmente se conoce como economía colaborativa está aquí para cambiar nuestros hábitos de consumo de forma radical. Era de esperar que las cosas cambien, los modelos evolucionen y que los ciudadanos quieran ser protagonistas de lo que es un modelo de hiperconsumo que nos lleva a la extinción. Esto no es cosa de “perriflauticos” que juegan con diábolos en mitad de la calle, aquí juegan conceptos como: Cambio climático, huella de carbono, globalización…, esto no es un “brote” de radicalismo generalizado, sino algo más profundo que se hace mucho más evidente cuando una serie de agentes en sectores estratégicos se hacen más y más fuertes.

El 40% de los alimentos del planeta se desperdicia; los coches particulares pasan el 95% de su tiempo parados; en Estados Unidos hay 80 millones de taladradoras cuyos dueños solo las usan 13 minutos de media, y un motorista inglés malgasta 2.549 horas de su vida circulando por las calles en busca de aparcamiento.21 de Junio de 2014. El País. ¿Nuestro consumo es eficiente?.

No se si Airbnb es una buena solución en cuanto alojamientos o Blablacar es responsable con el transporte de ciudadanos. Lo que si es cierto es que es importante trabajar la eficiencia de los recursos, aprovechar al máximo todo lo que generamos y poner los mecanismos necesarios para que se genere un sistema regulado que proteja a todos los agentes que se impliquen en esta actividad. Nielsen nos dice que el 53% de los españoles estarían dispuesto a compartir o alquilar bienes en un contexto de consumo colaborativo. Ese porcentaje es nueve puntos superior a la media europea (44%). El marco es ese y en alojamiento compartido el mercado se estructura a partir de las siguientes razones:

  • Demanda de espacio compartido. La demanda existe y por lo tanto hay mercado. Casi uno de cada diez viajeros online en el Reino Unido y Estados Unidos ha alquilado un espacio compartido en una casa privada o un apartamento en 2014, mientras que aproximadamente dos de cada diez se han alojado en una vivienda de alquiler completo.
  • Experiencia más satisfactoria por menos dinero. El dinero suele ser el primer factor a la hora de decantarse por un servicio o un producto, sobre todo un un público generalizado. Lo veamos como lo veamos viajar en modelos “colaborativos” es más barato que ir a un hotel y pillarse un taxi.
  • Servicios no sólo para millennials. Un significativo porcentaje de los turistas que se decantan por esta opción en Estados Unidos, Europa y Australia tiene más de 35 años, por lo que este tema no solo es para nativos tecnológico, gente de todas las edades, niveles socio-económicos… reserva servicios por este tipo de plataformas.
  • Las opiniones y la consolidación de la demanda. Este fenómeno no es flor de un día, poco a poco se consolida y los sistemas de opiniones refuerzan las conversiones.
  • No va solo de “lobos solitarios”. En Estados Unidos y Australia casi dos de cada diez viajes con estancias en este tipo de alojamientos fueron realizados por parejas o dos adultos que viajaban juntos.
  • El intercambio cultural es importante. Desde mi punto de vista, lo que no están entendiendo muchos hoteles es que los turistas quieren algo más que una cama cómoda o una televisión de plasma, quieren sentirse parte del lugar.
  • Fieles al mundo digital. Los que alquilan espacios compartidos es mucho más probable que planifiquen su viaje online, siendo en más de la mitad de los casos. El tema móvil aunque sea una obviedad sigue cogiendo fuerza, hay datos que sitúan las reservas en 1 de cada 4.
  • Sobre el anfitrión se construye la experiencia. La presencia del propietario (tanto real como asistencial) de la vivienda durante la estancia del cliente es la principal característica que distingue a este tipo de alquiler frente a otras formas de alojamiento. La dinámica anfitrión-huésped es esencial para el éxito de esta experiencia. Una estructura digital es esencial para facilitar a ambos la confianza y el nivel de compromiso que buscan.
  • Satisfacción de necesidades más específicas. El alojamiento compartido tiene la ventaja de contar con los recursos con los que el anfitrión cuenta o por lo menos los que quiere poner en común. Familias, personas con perro, amantes de los comics, de los videojuegos, astrónomos, lectores compulsivos…, tiene en esta personalización una baza importante que un hotel en muchos de los casos no puede suplir.

Ya no vale el consumo por el consumo, ahora vale el consumo responsable por el desarrollo. En mi modesta opinión creo que aquí las empresas que apuestas con el consumo colaborativo están ganando la partida claramente. Puede que no sea ni tan siquiera real, pero el “Storytelling” es mucho mas creíble que muchos alojamientos que tienen grandes lamparas de araña y siguen pensando en el servicio mirando para sus adentros y no para el mercado.

Ahora toca cura de humildad y mover ficha hacia el turista, no quedarnos en un rincón y no respirar “porque me enfado”. De verdad que legislaciones a parte, esto debe ser un jarro de agua fría para espabilar, reconvertirnos y seguir mejorando.